Esta es la historia de Natalia, una mujer de 34 años, que después de pensarlo mucho decidió ser mamá, porque en estos tiempos muchas mujeres no lo tienen en sus planes; pero su esposo la tenía loca por traer al mundo a un hijo de los dos, ella un poco insegura se subió en ese tren y fue así como quedó embarazada. Como toda mujer primeriza llena de mitos y abrumada de experiencias ajenas, empezó su camino de cuidados, camino en el que su esposo fue pasando a un segundo plano, así como su intimidad, pero no había culpa “eso pasa en el embarazo”, Natalia no tuvo en cuenta que la naturaleza masculina de su esposo no iba a entrar en pausa, y aunque en ese estado todo se nos perdona -eso decimos las mujeres-, no lo tomó en cuenta. Aquel hombre entregado a su hogar, a su mujer y a ese bebé que venía en camino, necesitaba sentirse amado, deseado e importante, sin embargo, Natalia no volvió a hacer el amor con él, siempre había algo: el cansancio, los mitos de que se le hace daño al bebé, la pancita, la baja en la libido, en fin, había un sin número de razones para dejarlo en pausa, dejó de consentirlo y todo se resumía en hablar de su cansancio. ¡Pero es que estaba en embarazo! podríamos decir algunas, sin embargo, no hay prohibición para amarse en ese estado, a menos que haya un embarazo de alto riesgo y que medicamente se haya prohibido, pero el sexo no es solo penetración, se puede amar apasionadamente sin que haya coito, pero hay tantos mitos, de pensamientos heredados, que no nos dejan ser felices y plenas, y de paso compartirlo con ellos, nos volvemos el centro de toda atención y olvidamos escucharlos y dedicarles tiempo.
Un día sin pensarlo, ni planearlo, el esposo de Natalia conoció a una mujer, que llego a la vida de aquel hombre en el momento que estaba experimentando muchos cambios, él no supo cómo, pero se envolvió en la más loca aventura de pasión, esa que le faltaba en casa. Por momentos pensaba que simplemente estaba desfogando toda esa energía masculina reprimida y trataba de no sentirse culpable, así pasó varios meses sintiéndose amado, deseado, vivo y consentido. Natalia estaba muy tranquila despreocupada de su esposo, ni por su mente pasaba que alguien estaba ahí como amante y amiga.
Nació la felicidad más grande de ese hogar y Natalia se entregó mucho más a ese pequeño ser que ahora la necesitaba más que nunca y cómo no hacerlo, si era su hijo, una criatura pequeñita que dependía de mamá; para aquel padre quien tanto deseó ese bebé, fue el momento más sublime en su vida, ver su sueño hecho realidad. Y aquí sus caminos se partieron en dos, Natalia entregada al bebé en cuerpo y alma y su amado con la plena seguridad de que mamá y bebé debían estar 100% del tiempo juntos, persistían los mitos y esa cultura arraigada de que los hombres no se vinculan de lleno en ese proceso, los encapsuló en su pequeño mundo de crianza perfecta y siguió por su parte satisfaciendo sus necesidades de amor, cariño, amistad y pasión con otra persona, con la esperanza de que después de los 40 días, todo volviera a la normalidad, tratando de sentir menos cargo de conciencia.
Pasaron 2 meses, 3 meses, 6 meses y nada, Natalia se sumió en la zona de confort femenina en la que a veces nos quedamos porque nuestra libido es tan distinta a la masculina que algunas de nosotras podríamos vivir sin sexo por mucho tiempo, pero no está bien ser egoístas y más con el hombre que amamos y menos con nosotras mismas, sentirnos amadas y deseadas es ¡delicioso! Fue así como Natalia nunca supo que una mujer se ganó una parte del corazón de su esposo, que estuvo ahí en el proceso emocional del embarazo, una mujer que jamás le exigió nada a cambio, que solamente lo hizo feliz y que aun sabiendo que la prioridad era su familia, estuvo allí para él por mucho tiempo, amándolo, aconsejándolo y aunque parezca increíble desinteresadamente, porque no hubo egoísmo o sentimientos mal intencionados. Finalmente, aquel hombre terminó esa relación, ese oasis que vivió por un tiempo y que le permitió darse cuenta que también necesitaba atención, necesitaba sentirse amado, valorado e importante, sin ser egoísta o sentir celos de ese pequeño que tanto anheló, pero conservando su lugar fundamental en aquella relación de pareja; Natalia nunca supo de ese pedacito de corazón que ya no le pertenecía, nunca se lo imaginó.
Para finalizar, muchas mujeres cuando quedamos embarazadas nos llenamos de una cantidad de información heredada, se nos vienen encima muchos cambios, desde fisiológicos hasta psicológicos y emocionales, pero estar en embarazo no da por hecho el fin de las relaciones sexuales, debemos aprender a como sobre llevar estos cambios, es cierto que tenemos un trabajo muy duro y es llevar a nuestros bebes en el vientre durante 9 meses, con todas las maluqueras que eso trae, pero no olvidemos que a nuestro lado tenemos seres humanos “hombres maravillosos” también con sentimientos y muchas ganas de ser amados y vivir esa experiencia de principio a fin.
Esta historia no supone una justificación para la infidelidad masculina y tampoco que esto lo hagan todos los hombres, sin embargo, es lo que le pasó a una mujer real.
