EN LA PIEL Y EL ALMA

Paula es una mujer que lo tiene todo, pero no es feliz, hay una parte gris en su vida que no le permite vivir a plenitud. Vivió una adolescencia difícil, ella quería salir adelante, pero todo estaba en contra de ello, una familia disfuncional compleja, sin recursos, sin motivación, un barrio con mil factores de riesgo. Aun así, Paula se valió de sus ganas de salir de aquella vida que no encajaba con sus deseos; tuvo que hacer muchas cosas que tal vez no estarían aprobadas por la sociedad que juzga, pero para ella eran sacrificios con el fin de lograr sus propósitos, no fue fácil vencer a la conciencia, a la tristeza y a los pensamientos limitantes, sin embargo, ella era impetuosa y tenía una meta, salir de esa vida.

 

Llegaron mejores tiempos, con mucho esfuerzo Paula se hizo profesional, conoció personas que le ayudaron en el camino, ella era una mujer muy inteligente y perseverante que empezó a lograr poco a poco grandes cosas para su vida, sin embargo, esa parte gris no se coloreaba, las marcas no se borraban y le rondaba en su cabeza la culpa; todo eso se mezclaba en su mente y causaba que su autoestima estuviera golpeada, creía que no valía lo mismo que otras mujeres, sin embargo como era valiente, no se quedaba en esos pensamientos pese a que los traslapaba llevando una vida materialista, basada en el dinero y en todo lo que podía comprar ya que tenía un trabajo que le daba la posibilidad de hacerlo. En su parte amorosa Paula no fue afortunada, conoció hombres que le marcaron la vida y que dejaron un sinsabor en ella, no era feliz en este aspecto tampoco, tal vez porque aún llevaba aquellas cadenas ancestrales de sufrimiento. Su vida laboral se volvió el amor de su vida, pasaba largas horas trabajando y parecía que le gustaba más estar ahí que en casa, era una máquina trabajando, tanto que había logrado escalar en la organización donde trabajaba y gozaba de un cargo importante hecho a pulso, algo de lo que se sentía muy orgullosa.

 

Paula no gozaba de amistades sinceras, era desconfiada y a veces hostil con quien quería acercarse, no estaba dispuesta a abrir su corazón, y tal vez esto hacía que cada que se sentía abatida, se encerrara más y más en ella misma. En un momento de su vida, donde empezó a abrir su puerta, Paula conoció a un hombre que le cambió la vida, el hombre soñado, el hombre que la hizo volver a creer, el que le ayudó a reafirmar lo valiosa que era, un hombre que la valoró, que le abrió el corazón para que ella dejara abrir el suyo, parecía un sueño, obviamente aquel hombre no era perfecto, era un ser humano como todos, pero Paula tenía un conflicto entre querer amar y su ego, ese que se había convertido en su armadura; aun cuando era fantástico lo que estaba viviendo, en medio de esa indecisión de entregar o no su corazón, tal vez involuntariamente hacia todo para alejarlo, no era detallista, era despreocupada, solo le importaba ella misma y no lo valoró. Pronto todo empezó a cambiar, se quedó sola sin ese ser que le había mostrado que valía muchísimo y que merecía lo mejor del mundo.

 

 

Paula no sabía dejarse querer, su coraza, aquella que la cubrió mientras salió de esa vida que no quería, se le adhirió a la piel y al alma; sufrió mucho por esto, y a pesar de que ella sabía que debía cambiar, no sabía cómo. Paula dejó ir a una persona que pudo hacerla feliz y ayudarla, alguien que trató de considerarla para borrar un poco esas marcas de vida, todo por el miedo sembrado en su corazón y por ese blindaje que a veces muchas mujeres adaptan en su vida y aunque el amor de un hombre no supone la solución a todos los problemas, cuando es un amor sano es un apoyo grande para ganar las batallas internas, porque el amor lo puede todo.

Nos preguntamos, ¿Será posible que esta mujer pueda renacer y permitirse ser feliz?...