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LÍMITES DE CRISTAL: CRÓNICA DE UN DESPERTAR

LÍMITES DE CRISTAL: CRÓNICA DE UN DESPERTAR Por: Martha Liliana Polanco López De pronto me levanto en las noches con esa angustia que muerde, generada por mis propios pensamientos. Mi cabeza cavila y cavila sobre incertidumbres que se sienten como amenazas reales. Siento los latidos de mi corazón golpeando contra las costillas, a mil por hora, como un animal acorralado. El celular y el trabajo han dejado de ser herramientas para convertirse en detonantes de pánico; el sonido del ringtone ya no es un aviso, es un latigazo de ansiedad. Pido al Creador que respalde mis pasos, que no se complique ningún caso, que el caos me dé tregua. En esos momentos de angustia inexplicable me levanto de la cama, fingiendo que voy al baño para no despertar a mi esposo. ¿Cómo explicarle que hay pensamientos desalentadores que me escoltan como sombras? Que mi cerebro va a una velocidad que no puedo frenar y que la resolución de casos complicados me robó la paz hace tiempo. El teléfono se ha convertido en una extensión de mi cuerpo, una extremidad parásita. Esa urgencia ficticia a la que el sistema nos obliga, me hizo descargar el correo en mi vida privada; estoy tan alienada que, incluso en mis días de descanso, el dedo busca la bandeja de entrada por puro reflejo. Si llega un mensaje a las cinco de la tarde con el icono de «urgente», mi pecho se contrae, la paz se evapora y mi mente empieza a jugar su peor pasada: «¿Y si me equivoco? ¿Y si tomo una decisión errónea?». Aun haciendo lo técnicamente correcto, mi capacidad se siente desbordada por la magnitud de las problemáticas que atiendo. Las ideas delirantes sobre cómo solucionar problemas se acuestan conmigo, y al amanecer, ya han hecho mella en mi cerebro. Vivo en un estado de hipervigilancia, en un ‘modo alerta’ constante que me drena la existencia. Mis vacaciones ya no son un placer, sino una vía de escape desesperada. Después de tres años, al fin mi esposo lo comprendió. No lo culpo por la demora; yo misma había guardado un silencio hermético sobre mi propio derrumbe. —Busca ayuda— me dijo, y sus palabras fueron el espejo que necesitaba. Entonces, un día de caos absoluto, mi ‘yo’ se fragmentó. Vi con una claridad aterradora lo que le estaba haciendo a mi cuerpo; vi cómo la ansiedad estaba devorando mi vida. Y en mis anheladas vacaciones, en una noche en la que por fin el silencio no pesaba, fui envuelta en un sueño. Me encontré en un laberinto construido con los muros de mi propia memoria. Allí, mis diferentes ‘Yo’ se manifestaban como reflejos en espejos rotos; todas hablaban a la vez, en un murmullo de urgencias y correos sin responder. Pero, de pronto, una voz se elevó sobre el ruido: una voz pausada, serena, que emanaba de mi propio centro. —El mundo no se detendrá si cierras los ojos— me susurraba, como un bálsamo. En ese instante, los ‘casos complicados’ que me perseguían se materializaron. Ya no eran monstruos de garras afiladas, sino ovillos de hilo negro, enredados y densos, que comenzaban a destejerse solos bajo una luz blanca y purificadora. Una voz me decía – Deja de girar sobre tu propio eje – . Sentí, por primera vez en años, cómo la prensa hidráulica que estrujaba mi pecho se disolvía. Comprendí la paradoja: no era mi hipervigilancia lo que me mantenía a salvo, al contrario, la hipervigilancia lastimaba mi cuerpo. La salida sanadora era el silencio. Pero el sueño mutó. La luz blanca se tornó en el brillo frío de los cirios. Experimenté un déjà vu de mi propia muerte. Me vi allí, estática, habitando ese féretro acolchado. Podía sentir el peso del aire estancado y ver, desde una altura imposible, el rostro destrozado de mi hijo y el vacío en los ojos de mi esposo. Sus lamentos eran desgarradores, reales, físicos. A pocos metros, vi a mis compañeros de trabajo. Sus rostros no tenían facciones, eran borrosos. Hablaban en susurros técnicos, explicando con una frialdad mecánica que ‘pronto llegaría mi reemplazo’. Fue entonces cuando la verdad me golpeó con la fuerza de un rayo: para el sistema no soy un alma, soy producción. El sistema me deshumanizó hace tiempo y yo lo permití. Comprendí que los límites que no somos capaces de marcar con la palabra, el cuerpo los termina marcando con la enfermedad. Vi con claridad el recibo que mi propia existencia estaba pagando: mi vida a cambio de una vacante que se llenaría en una semana. Me desperté con el sabor metálico del miedo todavía en la lengua, pero con una claridad que no conocía. El sol de las vacaciones inundaba la habitación, una luz muy parecida a la del sueño que acababa de desarmar mis nudos. Miré mis manos; ya no las sentía como herramientas de una maquinaria ajena. Busqué el teléfono en la mesa de noche. Durante años, ese aparato había sido el grillete que me mantenía unida a un sistema que ya tenía listo mi reemplazo. Sentí el impulso de siempre: revisar la bandeja de entrada, buscar la palabra «Urgente», alimentar al monstruo. Pero esta vez, mi dedo no fue hacia el sobre azul del correo. Mantuve presionada la aplicación. El icono empezó a temblar en la pantalla, como si tuviera miedo de perder su poder sobre mí. Apareció la opción: Eliminar. Un segundo de duda me recorrió la columna —la vieja culpa, el miedo al «qué dirán», la responsabilidad malentendida—. Pero entonces recordé el rostro de mi hijo en el féretro del sueño y la voz serena que me decía que el mundo no se detendría. El sistema no me iba a cuidar; me tocaba a mí. Presioné el botón. El icono desapareció. Un silencio bendito, casi físico, llenó la habitación. Por primera vez en tres años, el aire entró en mis pulmones sin encontrar obstáculos. Me levanté de la cama, no para huir al baño a ocultar mi angustia, sino para caminar

CARTA DE UNA CUARENTONA

Por: Martha Liliana Polanco López Esta carta es para ustedes, para agradecerles porque definitivamente sin la influencia de mujeres tan fuertes, hubiese terminado creyéndome las historias de fantasía con las que crecemos las niñas. Esas donde las princesas están dormidas esperando a que el beso del príncipe las despierte, las monte en su hermoso caballo, al castillo donde estará el “felices para siempre”. Afortunadamente, las mujeres contamos con hermanas y amigas que en noches de margaritas y de chicas podemos tener conversaciones profundas donde nos desahogamos y expresamos lo que sentimos. ¡Benditas noches de chicas!, que han evitado más de un divorcio. Encuentros que siempre dan una perspectiva neutral de la situación, aunque muchos hombres crean lo contrario. ¿Qué sería de nuestras vidas si no compartiéramos esas experiencias? Si no contáramos con la estilista de cabecera, que reconoce que nuestro cambio de estilo está asociado a nuestra necesidad de reinventarnos, de volver a comenzar y créamelo a mí, que ya no sé ni de qué color es mi cabello, pero salgo renovada después de un cambio. En los cuentos de hadas el problema está en que las princesas están dormidas, atrapadas en una historia que poco o nada tienen que ver con la realidad. Imaginarios que no te explican que el cuerpo se transforma, la tonificación se pierde, las estrías aparecen, la lucha del tinte con las canas y un reconocimiento distinto de nuestra sexualidad. En estas historias se te omite que la vida está llena de opciones y que tú puedes decidir, válido ser mamá, tan válido como no serlo, como casarse, como estar solteras, como divorciarse o como cambiar simplemente de opinión. A las mujeres de mi generación no se le enseñó a reconocer el cuerpo, la anticoncepción se aprendía por las amigas y en esa trasmisión equivocada de información se le atribuyo al hombre la responsabilidad de nuestro propio placer, como si en sus manos estuviera la bolita mágica para adivinar las cosas que nos gustan y las que no nos gustan, parte de nuestra propia inmadurez consistió en no comunicarnos con nuestra pareja. Estos profundos silencios terminaron cargándolos a ellos con estereotipos, mitos y sus propios temores. ¡Pobres hombres!, si supieran que cada una de nosotras es única e irrepetible y que la única forma de descubrirnos es hablando de forma natural, conectando nuestra mente, con las emociones y con nuestro cuerpo. Es así mi querida amiga, que con los años aprendes, que en la medida en que nos amamos, podemos despertar y reconciliar con nuestra piel, que la vida en pareja crece cuando nosotras mismas nos reconocemos y somos capaces de hablarlo con el otro.  En esta dinámica de crecer y madurar, aprendes que el erotismo es compartido y que este no se muere cuando te conviertes en mamá, que el deseo se intensifica y madura hasta el punto de tener claro lo que te gusta y lo que no te gusta. Te haces responsable de tu propio placer y empiezas el proceso de reconciliarte contigo misma. Reconoces el poder de las palabras, de las caricias, las miradas, te descubres como una mujer segura de sí misma. Descubres con los años que la pasión está viva, que el espejo no te asusta y que las sensaciones de tu cuerpo son música para el alma. Simplemente, descubres que en esta realidad estás allí. En este caminar también aprendes que la mujer maravilla no existe, que no se requiere ser perfecta, que es válido agotarse, que la menopausia es normal, que tenemos picos hormonales, que el periodo es algo natural de lo que no debemos avergonzarnos, que es necesario reconciliarnos con nuestros cambios cíclicos, pero sobre todo que detrás de todo lo que implica ser mujer, somos poderosamente fuertes. Que en ocasiones necesitamos llorar, reír, estar solas y montones de azúcar, aunque luego debemos gastar calorías como locas. Que necesitamos de alguien que nos escuche, nos hable, sea empático con nuestras necesidades. Y que el dolor no nos destruye, por el contrario, he visto a mujeres levantarse y reconstruirse.  En esta etapa de la vida descubres que las historias deberían resignificarse, que sería lindo saber que no necesitamos de un beso que nos despierte, porque sencillamente ya estamos despiertas y que muchos de los besos estarán cargados de promesas que se cumplen o sencillamente no se cumplen, de silencios que te dan a entender que no hay interés por nada más, de frases vacías que no están acompañadas de la verdadera acción o de frases que simplemente no dicen nada… Con los años aprendes que no existen príncipes azules, que sencillamente somos seres humanos con aspectos positivos y negativos, que en el camino que recorras encontraras hombres buenos, amorosos, comprometidos, pero también conectaras con hombres indecisos, inseguros o egoístas. En el camino encontrarás hombres valiosos, que se la juegan por construir un futuro contigo, también habrá quienes te dejen en visto, los que se desaparecen, los que no te valoran, los que se sienten intimidados por ti. En todas esas historias, serás tú la que debe colocar los límites, saber exactamente lo que quieres de tu vida, porque con el tiempo definitivamente aprendes que la persona indicada “no es el que te mueve el piso, sino el que te centra”. Y con el tiempo de seguro también aprendes que los finales felices no existen y que cada día eliges seguir con la persona que amas. Con los años aprendes que no te casas en pleno enamoramiento, que el deseo y la atracción no significan amor, que el ejercicio de amar implica reconocer, escuchar, perdonar y volver a empezar. Aprendes que el tiempo te da una perspectiva de la vida, que nadie te va a amar, si tú no lo haces primero, si tú no eres capaz de ver lo valiosa que eres. En este caminar aprendes que en el momento que la princesa sube al caballo, debe ser ella quien lleve las riendas de su propio destino, haciéndose responsable de sus decisiones.  Con el tiempo aprendes

CARGAS EMOCIONALES

CARGAS EMOCIONALES Victoria es una mujer valiosa, pero no se lo cree, trae consigo una carga emocional que no la deja aceptar que es maravillosa. Desde muy niña su confianza en sí misma se fracturó, vivió una niñez con el miedo, viendo a un padre sumido en el licor maltratar a su madre y a todos en casa, los días de tragos de su papá eran terribles, causaban un gran desequilibrio emocional en aquella familia. Victoria a pesar del miedo sacaba fuerzas para tratar de defender a todos y se enfrentaba a ese ser transformado por el licor, aun cuando de un empujón era lanzada a un lado. Creció con la tristeza de ver a su madre sufrir maltratos físicos y psicológicos, aguantando todo ese dolor, solo por la convicción heredada que un hogar debe mantenerse pase lo que pase. Esto generó en ella y sus hermanos muchas heridas emocionales, heridas que fueron cicatrizando superficialmente, pero dejando huella en el corazón. Las carencias, el maltrato y sobre todo ver a una mujer subyugada hicieron de Victoria una mujer sumisa, que a pesar de que se alzaba para ayudar a su mamá, tenía su autoestima golpeada, creía que las mujeres no eran suficiente, que debían aguantar cualquier cosa y que los hombres eran quienes tomaban las decisiones. Sin embargo, había una parte rebelde en la personalidad de Victoria, esa que la hacía enfrentarse a su padre, era la esencia de esta mujer, una rebeldía para zafarse de ese equipaje pesado que cargaba en su espalda, que a veces aparecía, pero otras veces se diluía en ese discurso mental de que ella no era suficiente. En su adolescencia Victoria empezó a trabajar para ayudar económicamente en casa pues escaseaba el dinero, eran una familia humilde de pocos recursos, pero donde se les había enseñado a trabajar. Así pasaron los años, y aunque no menguaban los días de tragos de su papá, Victoria ya estaba más grande y podía defender mejor a su madre y hermanos; cuando pasaban por esos episodios, pensaba que quería salir corriendo de esa casa, alejarse de toda esa tristeza, pero su corazón no le permitía dejar a su familia, porque ella llevaba sobre sí esa protección que había asumido con su familia. Un día conoció al que pensó era el amor de su vida, un hombre amable, exitoso y carismático, que se enamoró de Victoria, que la hizo sentir valiosa, amada y especial, un coctel peligroso para una mujer que solo había visto en casa maltratos y pocas demostraciones de amor, de ahí que Victoria se enamorara perdidamente y viera en él a un hombre perfecto que la hacía sentirse protegida y donde encontró refugio. Al poco tiempo de llevar una relación se casaron, Victoria vivió un sueño y su familia se encontraba muy contenta por el hombre maravilloso que había encontrado; su madre la más feliz veía en esa historia de amor lo que ella tanto hubiera querido, eso hacia que quisiera como otro hijo a su nuevo yerno. Pasó un tiempo y Victoria quedó embarazada a pesar de no estar muy segura de querer ser mamá tan pronto; en ese momento cambió todo para ella, el príncipe azul empezó a cambiar, fue perdiendo su color, se convirtió en un hombre dominante, maltratador psicológico, ausente, y empezó a beber, pareciera que el hombre del cual se haba enamorado era solo un espejismo, Victoria sintió que empezaba a repetir la historia de su madre, no podía creerlo. Poco a poco su vida se iba llenando de más tristeza, lo único que pintaba sus días de color, era pensar en ese bebé que llevaba dentro, eso le daba ánimo y la llenaba de fuerza para tomar la decisión de alejarse de ese hombre que golpeaba su autoestima. El día que Victoria se armó de valor, el mismo que sacaba para enfrentar a su padre, para tomar la decisión de irse y volver a su casa, habló con su madre para decirle que necesitaba su apoyo y el de todos en esa decisión, pero recibió el peor consejo ancestral sobre el matrimonio, aquel donde la premisa es aguantar porque el matrimonio es para toda la vida y pase lo que pase la mujer debe estar ahí a pesar de lo que haga el hombre. Su mamá con su pensamiento heredado, le dio todos los argumentos que alguna vez le dieron a ella, para que desistiera de irse del lado de su esposo, el cual consideraba perfecto. Victoria en su sumisión hizo caso, escuchó y se dejo permear, todo ese equipaje emocional no la dejo arrancar. Así pasaron varios años, aguantando, dejando de ser, soportando más y más golpes a su autoestima, subyugada a un hombre posesivo que solo por tenerla para él, le aplastaba su ego, el poco que tenía porque no se lo habían dejado florecer. Este hombre le decía que estaba fea, gorda, que solo debía dedicarse a su hijo, que sin él ella no era nadie, que su familia no era nada, que ella jamás estaría a su altura, que ella era alguien por él; entre tantos otros maltratos producto del alcohol. Pero nadie se imaginaba que aquel príncipe era un hombre machista y aplastador de autoestima, acciones que solo denotaban sus propias inseguridades. Así lastimo a Victoria por mucho tiempo, pasándole mujeres en frente, con un discurso minimizador, confundiéndola y manipulándola. Victoria es hermosa, bella, inteligente y muy capaz, pero aún no se lo cree totalmente. Después de guerras internas, externas, luchas con ese hombre, con su familia, pudo soltarse de ese yugo, no fue fácil, pero lo logró, aun recibiendo amenazas y queriendo ser controlada, Victoria se armó de valor para pelear por ella misma, para ser feliz y romper esa cadena familiar que traía, se superó, es profesional exitosa, una excelente mamá, que ha sacrificado mucho por el motivo más hermoso de su vida, pero sin dejar de pensar en ella también, sigue trabajando día a día en fortalecer su confianza como mujer.

EN LA PIEL Y EL ALMA

EN LA PIEL Y EL ALMA Paula es una mujer que lo tiene todo, pero no es feliz, hay una parte gris en su vida que no le permite vivir a plenitud. Vivió una adolescencia difícil, ella quería salir adelante, pero todo estaba en contra de ello, una familia disfuncional compleja, sin recursos, sin motivación, un barrio con mil factores de riesgo. Aun así, Paula se valió de sus ganas de salir de aquella vida que no encajaba con sus deseos; tuvo que hacer muchas cosas que tal vez no estarían aprobadas por la sociedad que juzga, pero para ella eran sacrificios con el fin de lograr sus propósitos, no fue fácil vencer a la conciencia, a la tristeza y a los pensamientos limitantes, sin embargo, ella era impetuosa y tenía una meta, salir de esa vida.   Llegaron mejores tiempos, con mucho esfuerzo Paula se hizo profesional, conoció personas que le ayudaron en el camino, ella era una mujer muy inteligente y perseverante que empezó a lograr poco a poco grandes cosas para su vida, sin embargo, esa parte gris no se coloreaba, las marcas no se borraban y le rondaba en su cabeza la culpa; todo eso se mezclaba en su mente y causaba que su autoestima estuviera golpeada, creía que no valía lo mismo que otras mujeres, sin embargo como era valiente, no se quedaba en esos pensamientos pese a que los traslapaba llevando una vida materialista, basada en el dinero y en todo lo que podía comprar ya que tenía un trabajo que le daba la posibilidad de hacerlo. En su parte amorosa Paula no fue afortunada, conoció hombres que le marcaron la vida y que dejaron un sinsabor en ella, no era feliz en este aspecto tampoco, tal vez porque aún llevaba aquellas cadenas ancestrales de sufrimiento. Su vida laboral se volvió el amor de su vida, pasaba largas horas trabajando y parecía que le gustaba más estar ahí que en casa, era una máquina trabajando, tanto que había logrado escalar en la organización donde trabajaba y gozaba de un cargo importante hecho a pulso, algo de lo que se sentía muy orgullosa.   Paula no gozaba de amistades sinceras, era desconfiada y a veces hostil con quien quería acercarse, no estaba dispuesta a abrir su corazón, y tal vez esto hacía que cada que se sentía abatida, se encerrara más y más en ella misma. En un momento de su vida, donde empezó a abrir su puerta, Paula conoció a un hombre que le cambió la vida, el hombre soñado, el hombre que la hizo volver a creer, el que le ayudó a reafirmar lo valiosa que era, un hombre que la valoró, que le abrió el corazón para que ella dejara abrir el suyo, parecía un sueño, obviamente aquel hombre no era perfecto, era un ser humano como todos, pero Paula tenía un conflicto entre querer amar y su ego, ese que se había convertido en su armadura; aun cuando era fantástico lo que estaba viviendo, en medio de esa indecisión de entregar o no su corazón, tal vez involuntariamente hacia todo para alejarlo, no era detallista, era despreocupada, solo le importaba ella misma y no lo valoró. Pronto todo empezó a cambiar, se quedó sola sin ese ser que le había mostrado que valía muchísimo y que merecía lo mejor del mundo.     Paula no sabía dejarse querer, su coraza, aquella que la cubrió mientras salió de esa vida que no quería, se le adhirió a la piel y al alma; sufrió mucho por esto, y a pesar de que ella sabía que debía cambiar, no sabía cómo. Paula dejó ir a una persona que pudo hacerla feliz y ayudarla, alguien que trató de considerarla para borrar un poco esas marcas de vida, todo por el miedo sembrado en su corazón y por ese blindaje que a veces muchas mujeres adaptan en su vida y aunque el amor de un hombre no supone la solución a todos los problemas, cuando es un amor sano es un apoyo grande para ganar las batallas internas, porque el amor lo puede todo. Nos preguntamos, ¿Será posible que esta mujer pueda renacer y permitirse ser feliz?…

MUJERES QUE AMAN DEMASIADO

MUJERES QUE AMAN DEMASIADO Vanessa es una mujer muy hermosa, físicamente bella y con una personalidad arrolladora, se podría decir que la mujer ideal, sin embargo, tiene un problema de autoestima porque no se siente valiosa y es dependiente, fue criada en un hogar patriarcal donde la mujer se queda en casa y es la que cuida del hogar, con esa guía creció Vanessa. Llegado el momento su meta era casarse y ser madre, así pasó, pero el hombre elegido fue el equivocado, no era el hombre patriarcal, más bien era el hombre vividor, vago e irresponsable que quería dejar su responsabilidad como cabeza de hogar en Vanessa, poco duró esa relación y de nuevo volvió a su casa con un bebé en brazos, rescatada por su padre.   Años más tarde Vanessa conoció al amor de su vida, un hombre que la cautivó y la enamoró locamente, infortunadamente y a pesar de amarla, aquel hombre tenía una gran debilidad por las mujeres, para ella fue muy duro ese aspecto, tenía todo lo que deseaba a excepción de ese detalle, que le causaba mucho daño, vivía en la desconfianza, zozobra y esto no ayudaba para su autoestima. Aun así, Vanessa lo amaba tanto y él a ella así pareciera contradictorio; Vanessa aguantó muchas infidelidades, muchas verdades y también derramó muchas lágrimas, pero su propósito firme era su hogar, perseveró en su relación, dando votos de confianza, mejorando la confianza en ella misma, aprendiendo a vivir sin dependencia y entendiendo que ella tenía un límite y aunque no era en ese momento, la vida le diría cuando parar. A pesar de escuchar muchas voces que le decían que se valorará, que lo dejara, que no se merecía eso y muchas cosas más, ella priorizo su anhelo de una familia por encima de todo pronóstico negativo y de toda crítica. Con esta actitud mostraba una convicción y certeza en sus decisiones.   Hoy Vanessa ha logrado muchas cosas en ese hombre, su perseverancia, paciencia y podría decirse que ese legado de mujer de antes, aguantadora y con prioridad a mantener una familia unida, ha hecho que poco a poco cumpla su anhelo de un hogar, como aquel en el que creció.   ¡Cuéntanos! ¿Qué opinas del anhelo de Vanessa?

MITOS

MITOS Esta es la historia de Natalia, una mujer de 34 años, que después de pensarlo mucho decidió ser mamá, porque en estos tiempos muchas mujeres no lo tienen en sus planes; pero su esposo la tenía loca por traer al mundo a un hijo de los dos, ella un poco insegura se subió en ese tren y fue así como quedó embarazada. Como toda mujer primeriza llena de mitos y abrumada de experiencias ajenas, empezó su camino de cuidados, camino en el que su esposo fue pasando a un segundo plano, así como su intimidad, pero no había culpa “eso pasa en el embarazo”, Natalia no tuvo en cuenta que la naturaleza masculina de su esposo no iba a entrar en pausa, y aunque en ese estado todo se nos perdona -eso decimos las mujeres-, no lo tomó en cuenta. Aquel hombre entregado a su hogar, a su mujer y a ese bebé que venía en camino, necesitaba sentirse amado, deseado e importante, sin embargo, Natalia no volvió a hacer el amor con él, siempre había algo: el cansancio, los mitos de que se le hace daño al bebé, la pancita, la baja en la libido, en fin, había un sin número de razones para dejarlo en pausa, dejó de consentirlo y todo se resumía en hablar de su cansancio. ¡Pero es que estaba en embarazo! podríamos decir algunas, sin embargo, no hay prohibición para amarse en ese estado, a menos que haya un embarazo de alto riesgo y que medicamente se haya prohibido, pero el sexo no es solo penetración, se puede amar apasionadamente sin que haya coito, pero hay tantos mitos, de pensamientos heredados, que no nos dejan ser felices y plenas, y de paso compartirlo con ellos, nos volvemos el centro de toda atención y olvidamos escucharlos y dedicarles tiempo.   Un día sin pensarlo, ni planearlo, el esposo de Natalia conoció a una mujer, que llego a la vida de aquel hombre en el momento que estaba experimentando muchos cambios, él no supo cómo, pero se envolvió en la más loca aventura de pasión, esa que le faltaba en casa. Por momentos pensaba que simplemente estaba desfogando toda esa energía masculina reprimida y trataba de no sentirse culpable, así pasó varios meses sintiéndose amado, deseado, vivo y consentido. Natalia estaba muy tranquila despreocupada de su esposo, ni por su mente pasaba que alguien estaba ahí como amante y amiga.   Nació la felicidad más grande de ese hogar y Natalia se entregó mucho más a ese pequeño ser que ahora la necesitaba más que nunca y cómo no hacerlo, si era su hijo, una criatura pequeñita que dependía de mamá; para aquel padre quien tanto deseó ese bebé, fue el momento más sublime en su vida, ver su sueño hecho realidad. Y aquí sus caminos se partieron en dos, Natalia entregada al bebé en cuerpo y alma y su amado con la plena seguridad de que mamá y bebé debían estar 100% del tiempo juntos, persistían los mitos y esa cultura arraigada de que los hombres no se vinculan de lleno en ese proceso, los encapsuló en su pequeño mundo de crianza perfecta y siguió por su parte satisfaciendo sus necesidades de amor, cariño, amistad y pasión con otra persona, con la esperanza de que después de los 40 días, todo volviera a la normalidad, tratando de sentir menos cargo de conciencia.   Pasaron 2 meses, 3 meses, 6 meses y nada, Natalia se sumió en la zona de confort femenina en la que a veces nos quedamos porque nuestra libido es tan distinta a la masculina que algunas de nosotras podríamos vivir sin sexo por mucho tiempo, pero no está bien ser egoístas y más con el hombre que amamos y menos con nosotras mismas, sentirnos amadas y deseadas es ¡delicioso! Fue así como Natalia nunca supo que una mujer se ganó una parte del corazón de su esposo, que estuvo ahí en el proceso emocional del embarazo, una mujer que jamás le exigió nada a cambio, que solamente lo hizo feliz y que aun sabiendo que la prioridad era su familia, estuvo allí para él por mucho tiempo, amándolo, aconsejándolo y aunque parezca increíble desinteresadamente, porque no hubo egoísmo o sentimientos mal intencionados. Finalmente, aquel hombre terminó esa relación, ese oasis que vivió por un tiempo y que le permitió darse cuenta que también necesitaba atención, necesitaba sentirse amado, valorado e importante, sin ser egoísta o sentir celos de ese pequeño que tanto anheló, pero conservando su lugar fundamental en aquella relación de pareja; Natalia nunca supo de ese pedacito de corazón que ya no le pertenecía, nunca se lo imaginó.   Para finalizar, muchas mujeres cuando quedamos embarazadas nos llenamos de una cantidad de información heredada, se nos vienen encima muchos cambios, desde fisiológicos hasta psicológicos y emocionales, pero estar en embarazo no da por hecho el fin de las relaciones sexuales, debemos aprender a como sobre llevar estos cambios, es cierto que tenemos un trabajo muy duro y es llevar a nuestros bebes en el vientre durante 9 meses, con todas las maluqueras que eso trae, pero no olvidemos que a nuestro lado tenemos seres humanos “hombres maravillosos” también con sentimientos y muchas ganas de ser amados y vivir esa experiencia de principio a fin.   Esta historia no supone una justificación para la infidelidad masculina y tampoco que esto lo hagan todos los hombres, sin embargo, es lo que le pasó a una mujer real. !Déjanos tus comentarios sobre esta la historia! ¿Qué opinas? Las invito a leer este artículo: https://www.serpadres.es/embarazo/trimestres/fotos/posturas-sexuales-en-el-embarazo/sexo-en-el-embarazo

SUEÑOS QUE CUMPLIR

SUEÑOS QUE CUMPLIR Fernanda pensaba en broma que se iba a quedar como la clásica tía solterona de antaño, no era afortunada en el amor y su ritmo de vida tampoco le ayudaba, se retaba cada vez a ser mejor profesionalmente, era una mujer exitosa, tenía la vida que siempre deseó y era feliz, pero todo no era perfecto, veía como sus hermanos y primas se casaban y tenían hijos y ella no, eso le generaba cierta decepción y hacía que pensara siempre que se iba a quedar soltera. En ocasiones Fernanda se consolaba al ver como la vida de padres era tan caótica, las mamás vivían cansadas, veía que aprovechaban cada momento para dejar a los niños con alguien, los días de enfermedad eran duros, la maternidad no les daba tregua y se decía a sí misma, que lo mejor era quedarse sola y se consolaba no queriendo pasar por esas situaciones.   Sin embargo, ella era una mujer criada en una familia nuclear, de costumbres y numerosa, donde el ideal era el matrimonio y más el de las hijas, y como ella era la única mujer y aun no se había casado, cargaba con cierta responsabilidad de hacerlo. Los hombres que conocía Fernanda, no eran aquellos que quisieran formar un hogar, así que eso no ayudaba mucho para ella. Pero un día en un viaje de trabajo a una ciudad muy lejana, conoció a un hombre maravilloso, por esos días compartieron y así poco a poco fueron entablando una bonita amistad; ella regresó de su viaje y continuaron en contacto, pero fue tan fuerte esa conexión que empezaron una relación a distancia, cuando ella viajaba se encontraban y compartían y él también viajaba para verla. No pasó mucho tiempo cuando ya sentían que no podían estar separados, así que tomaron la decisión de casarse. Fernanda sin pensarlo había hecho realidad ese sueño interno, tanto de ella como de su familia, ese de casarse, ya no cargaría con la responsabilidad y dejaría de ser la tía solterona de sus bromas. Dejó su trabajo y su vida de éxito para ir tras el amor.   El matrimonio fue sencillo y pronto se radico en aquella ciudad lejana, todo se dio tan rápido que en un santiamén les compartió la noticia a su familia de que estaba embarazada, otra cosa más chequeada sin planearla. Fernanda se sentía muy afortunada y feliz de todo cuanto estaba pasando en su vida, estaba cumpliendo los sueños familiares y para los cuales ella estaba lista, sin embargo todo no fue perfecto, en aquella ciudad sin su familia empezó su vida sola, con bebita y esposo a bordo, no tenía a nadie cerca a quien recurrir, nadie familiar que le diera una mano, todo era más difícil para ella, aun cuando lo hacía todo con el compromiso, dedicación y amor; pero habían momentos duros donde se sentía sola y abrumada con tantas cosas, las labores del hogar no habían sido su fuerte, ella había sido una mujer independiente con los recursos necesarios para que esas actividades las hiciera alguien más, ahora estaba a cargo de un hogar y una bebé, sin dinero ganado por ella misma, y asumiendo una decisión de pareja de quedarse en casa cuidando a la bebé y atendiendo el hogar porque habían decidido que ella se hiciera cargo para ahorrar un poco y comprar su casa.   Un día Fernanda empezó a sentir que extrañaba muchísimo su vida de mujer ejecutiva, exitosa, independiente y económicamente activa, la estaba enloqueciendo esa dinámica agobiante de los quehaceres y añoraba sentir su libertad, aquella que tenía cuando pensaba que iba a ser la tía solterona. Amaba a su bebita y a su esposo, eran lo más valioso para ella, pero la vida rutinaria de ama de casa la estaba llevando a sentirse infeliz y tenía culpa por pensar así, pensaba que le faltaba valentía y que era una egoísta por tener esos sentimientos. Como no quería seguir con esos pensamientos, empezó a leer sobre ese tipo de situaciones, en cada artículo encontraba que era normal y se identificaba con lo que estaba viviendo, un cambio abrupto de vida, todo el paquete completo en un abrir y cerrar de ojos y unas decisiones tomadas por aquellas configuraciones que de niña, le indicaron lo que debía hacer una mujer en la vida; toda esta información le ayudo y le dio fuerza para seguir adelante, para saber que no era la única que sentía esas emociones, para afrontar sus decisiones y valerse de todo el amor para poder levantarse cada vez de sus caídas de ánimo.   Hoy, Fernanda ha podido entrenar su mente y aceptar todo lo que viene con la vida que escogió, cambió su forma de pensar y aunque a veces extraña su vida anterior, la felicidad de ver a su pequeñita sonreír y al amor de su esposo le recuerdan que vale la pena dejar a aquella Fernanda soltera y exitosa en el recuerdo, y se anima con la esperanza de más adelante retomar parte de su independencia. Cuéntanos qué opinas de la historia de Fernanda. ¿Crees que afrontó bien su situación?

ELLA, LA PREDOMINANTE

ELLA, LA PREDOMINANTE Juliana es una mujer de convicciones, en su vida ha tenido momentos donde de manera muy radical afronta su vida y no da paso a las cosas a medias, tampoco es buena para recibir sugerencias o consejos, esta forma de ser le ha causado que no tenga unas buenas relaciones con aquellos que quieran opinar sobre su vida. Ser así le ha traído muchos problemas, pero eso a ella no le importa. Su frase más común es que no necesita ayuda de nadie y que ella puede sola. Juliana conoció al amor de su vida en la Universidad, un hombre que venía de una relación que lo dejó con la autoestima baja y con recelo al amor, pero la fuerza de Juliana le ayudó a salir de esa crisis, se enamoró de ella y empezaron una vida juntos. Para la familia de aquel hombre, ella no gozaba de todo su cariño, porque decía las cosas como eran, sin filtro, y esto no gustaba mucho en esa familia, pero a pesar de todo agradecían lo que había conseguido, sacar a su hijo de la tristeza y hacerle recuperar el brillo en la mirada. Juliana se sentía orgullosa de lo logrado, de ese amor, sentía que ese hombre le debía la vida, de cierta y buena manera.   Conformaron ese hogar y después de pensarlo mucho, decidió quedar embarazada, era tal la predominancia de Juliana que ella decidió el momento, así como decidió la casa que comprarían, así como decidió todas las vacaciones y así como decidió la línea espiritual de su familia, tenía en su ADN el decidir todo. Su esposo un hombre muy ocupado en la construcción de su sueño, trabajando arduamente por su familia y por las familias que dependían de ese trabajo, pasaba horas enteras en su empresa, dedicaba fines de semana, festivos, días especiales en ese proyecto que les permitiría tener la vida que habían soñado y sabia la esposa capaz y verraca que tenía en casa. Sin embargo, Juliana no estaba muy contenta con estos sacrificios, ella le cuestionaba mucho sus ausencias y le decía que dejara ese proyecto, que ella podría mantenerlos mientras él encontraba un trabajo de 7 a 5, porque ella tenía un muy buen trabajo, una estabilidad económica que le permitía ser muy independiente y ofrecer este tipo de soluciones, soluciones arrolladoras, con las que su esposo no estaba de acuerdo para nada.   Así fueron surgiendo los problemas, cada vez Juliana se volvía más intensa con los comentarios sobre el trabajo de su esposo, sobre el tiempo que le dedicaba, le criticaba los resultados financieros, no se preocupaba por saber cómo iba todo sino por cuestionar; esto fue causando una ruptura en la relación, él ya no le contaba nada de la empresa, prefería estar más tiempo fuera y no aguantar la cantaleta, empezó a sentir que sus cosas no eran importantes para Juliana, que lo importante para ella, era solo lo que ella pensara y decidiera. Cansado de esta situación se fue alejando poco a poco y Juliana no advirtió que empezaba a distanciar al amor de su vida, que con sus reclamos y exigencias lo lanzaba a buscar en otras personas esa comprensión, esa escucha, esa valoración por su esfuerzo, ese reconocimiento que lo hacía querer seguir adelante.   Un día Juliana le pidió prestado el celular a su esposo para realizar una llamada, en ese preciso momento una burbuja de mensaje salió a flote “Estoy orgullosa de ti y de lo que haces, aportas mucho con tu esfuerzo”, eso fue para ella un golpe duro, sintió celos, se sintió mal, sitio que alguien hacía lo que ella no, dudo de él, luego lo pensó mejor, no había nada malo, pero si había un mensaje para ella, y era claro. Con su cantaleta, con sus críticas, sus reclamos y por querer imponer siempre su voluntad, estaba abriendo puertas para tal vez perder a su esposo. Esto la hizo reflexionar y darse cuenta que no estaba dando paso al diálogo, a hablar sobre lo que cada uno quería, sobre sus sueños en común, estaba tomando todas las decisiones de su familia, unas por elección propia otras por ausencia, otras por costumbre, pero no había una conversación clara sobre expectativas y sueños, sobre acuerdos para compartir las decisiones de familia.   Hoy Juliana lucha por vencer el orgullo, por ser más comprensiva y tolerante, por hacer parte de los sueños de su esposo, lucha por poder decir lo que siente, porque es una mujer tan fuerte que le cuesta mostrarse débil y expresarse. Sin embargo, su esposo sigue a su lado con paciencia, con la convicción de sacar adelante ese hogar, pese a las situaciones de pareja y diferencia de caracteres. Cuéntanos qué opinas de esta historia. ¿Te es familiar la historia de Juliana?

YO PUEDO SOLA

YO PUEDO SOLA Esta es la historia de muchas mujeres y tal vez podría decir que de una gran mayoría…. Helena es una mujer que le encanta trabajar, desde muy niña ese fue el mensaje de sus padres, especialmente de su papá, en casa todos eran ejemplo de ello, la consigna era: estudiar y trabajar para salir adelante. A ella le enseñaron a valerse por sí misma desde adolescente, a no vararse ante nada, a resolver los problemas con creatividad y de inmediato, a no rendirse y salir siempre adelante; todo esto le dio superpoderes y su autoestima siempre estaba arriba, sin embargo esa independencia hacía que ella pensara que no necesitaba a nadie y se sentía feliz de que otras personas la necesitarán, de rescatar, de ayudar, de cuidar, se sentía orgullosa de valerse por sí misma y de saber que ante cualquier situación estaría ella misma para sacarse de ahí. Creció profesional y laboralmente siendo una mujer muy destacada por su ímpetu de siempre salir adelante.   Todo no era perfecto en la vida de Helena, aún con su independencia y autoestima, cargaba con miedos que no la dejaban brillar como debía ser y además de ello, en ese afán por cuidar y rescatar se fijaba en hombres complejos, hombres que la amaban por su forma de ser tan especial, pero que se acomodaban a su forma de proteger y querer, y terminaban sintiéndose demasiado considerados por Helena lo que no llevaba a un final feliz, lo bueno de ello, era que en esos finales ella siempre sabía su valor. En esas relaciones Helena siempre llevaba la delantera económica, en madurez y en sentimientos y eso lo tenía claro, lo que le permitía desprenderse aún con la tristeza y el corazón roto. Helena tenía una fijación por ayudar a los hombres que conocía, parecía que le gustaba el reto de sentir que esas personas la necesitaban, era feliz haciéndolos felices, sintiéndose necesaria o ayudándolos a ser mejores, a descubrir experiencias con ella, a vivir cosas nuevas a su lado. Cansada de esas relaciones, Helena un día decidió quedarse sola y tomar tiempo para recuperarse todo ese tiempo que había invertido en los demás, como también de reponerse económicamente de algunas malas decisiones con aquellos hombres.   Helena siguió adelante, compartiendo con sus amigos, saliendo a divertirse, haciendo todo eso que no había hecho durante años, viviendo su vida como debía ser y disfrutando. Pasado un tiempo, conoció a través de su mejor amigo a un hombre diferente, enredado en una relación en decadencia pero muy distinto a aquellos hombres que solía atraer, y a pesar de que no fue fácil iniciar esa relación, después de muchos impases, de un tiempo de relación y de vivir momentos bonitos, Helena se casó, una relación tranquila, se podría decir que soñada, la cual lleva hasta ahora; cometió errores de esos que traía del pasado, de ser independiente, de valerse por ella misma y no compartir gastos, donde asumió más responsabilidades de las debidas, donde no habló, y las cuales empezaron a hacer huecos en la relación. Los temas de pareja para Helena eran de pareja, poco contaba sus experiencias o sentir a sus amigos o familia, sin embargo un día necesitó soltar eso que le pesaba y recibió un gran consejo, debía hablar con su esposo y contarle su situación y compartirla, ella no podía seguir llevando la carga económica por ese afán siempre de ser protectora, de cuidar, de hacer feliz a los demás y que también debía empezar a dejarse cuidar y proteger. Así fue, tuvo la conversación tal vez más difícil de su vida y sacó todo eso que la agobiaba y que no podía decir porque traía desde niña el precepto de que todo había que resolverlo de inmediato, por ende, no había tiempo para hablar, y de ese modo escuchada por su esposo y él comprendiendo la dinámica de lo que pasaba, su vida cambió, empezaron a compartir gastos, a tomar decisiones juntos y Helena inicio cambiando ese afán de resolverlo todo ella y dejándose proteger, consentir y cuidar. Aún sigue siendo esa mujer configurada desde niña para no depender, pero ha aprendido mucho y lo sigue haciendo, se nivela entendiendo que ella merece ser protegida y aunque a veces tiene sus momentos de que puede sola, es más consciente de equilibrarse.  ¿Cuéntanos que piensas de la independencia de Helena? ¡Deja tus comentarios!

DECISIONES DE VIDA

DECISIONES DE VIDA Adriana es una mujer que desde muy joven empezó su vida amorosa, siendo adolescente se enamoró perdidamente de un chico como ella, del que pensaba iba a amar toda su vida, de ese amor intenso se derivaron rebeldías, caprichos y experiencias difíciles que la llevaron a ser madre y soltera muy joven. Así empezó su vida de responsabilidades y aunque contaba con el apoyo de sus padres, debía luchar por su hijo y ayudar en casa. A sus 20 años Adriana se enamoró de un hombre bueno y amoroso, el cual le ayudó a costear su carrera y se convirtió en profesional con su ayuda, él médico y ella enfermera construyeron una linda familia y en ese amor creció su hijo, querido por ese hombre que no era su padre; Adriana tenía una vida bonita y tranquila, eso sí con un ritmo de trabajo arduo, pero feliz. Un día su esposo tomó la decisión de especializarse en el extranjero, ambos acordaron hacerlo buscando logros profesionales para él y crecimiento económico para la familia, fue así como su esposo viajó a otro país, por un par de años. En ese primer año todo estuvo tranquilo, sin embargo cuando inicio el siguiente, Adriana se empezó a sentir sola, con cargas más elevadas en casa, económicas y emocionales, se sintió sin apoyo porque su esposo estaba muy lejos, se cuestionaba mucho en la decisión que habían tomado de separarse como familia por ese estudio. En un momento de esos, de soledad y tristeza, llegó un hombre a ofrecerle una mano, a preocuparse y ocuparse de ella, Adriana se sintió bien y rescatada, infortunadamente se involucró sentimentalmente y tuvo una relación con aquella persona, fue algo muy corto porque entendió que no estaba bien, sin embargo esa relación cambió la vida de esta bella mujer, quedó embarazada de esa aventura.   Para Adriana fue muy duro, porque dentro de todas las posibilidades ella escogió la vida por encima de todo y decidió tener ese bebé, decidió decir la verdad y contarle todo a su esposo, quien en la distancia y destrozado fue implacable con ella, se terminó esa relación así de lejos. Adriana sufrió muchísimo porque su bonita vida, se esfumó por una mala decisión, y no solamente pudo ser por su error de fijarse en alguien más, sino también por la decisión de ambos de dejar a la suerte lo que la distancia trae. El padre del bebé de Adriana y ella tenían claro que no querían una relación, ambos tenían sus razones y no era una opción estar juntos, así que siguió su camino sola, criticada, lapidada, odiada, desamparada, pero con la convicción de asumir su responsabilidad y salir adelante. Todo esto hizo que Adriana no volviera a creer en las historias bonitas de amor, dejó de confiar y de abrir su corazón.   Pasaron muchos años, para que ella se volviera a dar a una relación, conoció por su trabajo a un hombre mayor, interesante, paternal, generoso y admirador de las mujeres bellas como ella, la cautivó y tal vez por la admiración que le causó aceptó estar a su lado, ya no era una mujer que se deslumbrara y enamorara con facilidad. En medio de la independencia que la caracterizaba, Adriana continuó trabajando y ganando su propio dinero a pesar de que no le faltaba nada con su nueva pareja, siempre conservaba ese brío de mujer guerrera. Los años al lado de aquel hombre fueron buenos, llenos de viajes, relacionamiento, cuidado, fiestas y compañía, terminó de madurar y disfrutó. Sin embargo, los años para aquel hombre no dieron tregua, cayó enfermo y al poco tiempo murió. Como Adriana era una mujer independiente se hizo a un lado una vez quedó sola, y no quiso pelear por lo que muchos pensarían era de ella. Empezó nuevamente su vida, con sus dos hijos y con la tristeza de la soledad y de pensar que el amor no era para ella y que su destino era estar sola, se metió tanto en la cabeza esos pensamientos que cerró su corazón al amor; conoció otros hombres, pero no los veía como algo serio, podría decirse que eran pasatiempos, en ese vivir sin apegos, descubrió su lado sexual, empezó a disfrutar esos momentos, a vivirlos intensamente sin amor, no entregaba para nada su corazón.   En ese afán por llenar su vida de adrenalina, decidió crear su perfil en una aplicación de citas, tal vez con una intención muy profunda de encontrar un hombre que valiera la pena, y después de varios prospectos apareció un hombre muy interesante. Después de contactarse, conocerse por chat y llamadas telefónicas, decidieron encontrarse, fue extraño porque parecía como si se conocieran de siempre, ambos tenían historias de vida bastante intensas y empezaron una amistad  y pronto se volvieron confidentes; al inicio no hubo química, sin embargo con el pasar de los meses ambos se reunieron para contarse sus últimas historias, y después de una larga conversación sumada a la chispa que se disparó entre ambos, comenzaron a verse con otros ojos, ojos de pasión, de gusto por estar juntos, de preocupación y cariño, vivieron meses de momentos lindos, intensos y románticos, aquel hombre era todo un caballero además de ser un hombre intenso en su sexualidad, era el combo perfecto para Adriana, pero había algo en ella que la bloqueaba, cuando sintió que empezaba a florecer el amor en aquel hombre no pudo dejarse amar, salió huyendo y lo hirió, sus miedos, sus fantasmas, su credo de no volver a amar, pudieron más que lo bonito que la estaba rodeando, Adriana ya no sabía cómo amar, como entregar su corazón.   Después de haber roto las ilusiones de aquel hombre, este ya no pudo ser igual y decidió alejarse por completo, tenía claro que eran demasiadas cicatrices que no le permitirían avanzar, pero aun así hizo un último intento de luchar por ella, pero Adriana no quería, tenía miedo y se cubrió con su coraza de independencia,