SUEÑOS QUE CUMPLIR

Fernanda pensaba en broma que se iba a quedar como la clásica tía solterona de antaño, no era afortunada en el amor y su ritmo de vida tampoco le ayudaba, se retaba cada vez a ser mejor profesionalmente, era una mujer exitosa, tenía la vida que siempre deseó y era feliz, pero todo no era perfecto, veía como sus hermanos y primas se casaban y tenían hijos y ella no, eso le generaba cierta decepción y hacía que pensara siempre que se iba a quedar soltera. En ocasiones Fernanda se consolaba al ver como la vida de padres era tan caótica, las mamás vivían cansadas, veía que aprovechaban cada momento para dejar a los niños con alguien, los días de enfermedad eran duros, la maternidad no les daba tregua y se decía a sí misma, que lo mejor era quedarse sola y se consolaba no queriendo pasar por esas situaciones.

 

Sin embargo, ella era una mujer criada en una familia nuclear, de costumbres y numerosa, donde el ideal era el matrimonio y más el de las hijas, y como ella era la única mujer y aun no se había casado, cargaba con cierta responsabilidad de hacerlo. Los hombres que conocía Fernanda, no eran aquellos que quisieran formar un hogar, así que eso no ayudaba mucho para ella. Pero un día en un viaje de trabajo a una ciudad muy lejana, conoció a un hombre maravilloso, por esos días compartieron y así poco a poco fueron entablando una bonita amistad; ella regresó de su viaje y continuaron en contacto, pero fue tan fuerte esa conexión que empezaron una relación a distancia, cuando ella viajaba se encontraban y compartían y él también viajaba para verla. No pasó mucho tiempo cuando ya sentían que no podían estar separados, así que tomaron la decisión de casarse. Fernanda sin pensarlo había hecho realidad ese sueño interno, tanto de ella como de su familia, ese de casarse, ya no cargaría con la responsabilidad y dejaría de ser la tía solterona de sus bromas. Dejó su trabajo y su vida de éxito para ir tras el amor.

 

El matrimonio fue sencillo y pronto se radico en aquella ciudad lejana, todo se dio tan rápido que en un santiamén les compartió la noticia a su familia de que estaba embarazada, otra cosa más chequeada sin planearla. Fernanda se sentía muy afortunada y feliz de todo cuanto estaba pasando en su vida, estaba cumpliendo los sueños familiares y para los cuales ella estaba lista, sin embargo todo no fue perfecto, en aquella ciudad sin su familia empezó su vida sola, con bebita y esposo a bordo, no tenía a nadie cerca a quien recurrir, nadie familiar que le diera una mano, todo era más difícil para ella, aun cuando lo hacía todo con el compromiso, dedicación y amor; pero habían momentos duros donde se sentía sola y abrumada con tantas cosas, las labores del hogar no habían sido su fuerte, ella había sido una mujer independiente con los recursos necesarios para que esas actividades las hiciera alguien más, ahora estaba a cargo de un hogar y una bebé, sin dinero ganado por ella misma, y asumiendo una decisión de pareja de quedarse en casa cuidando a la bebé y atendiendo el hogar porque habían decidido que ella se hiciera cargo para ahorrar un poco y comprar su casa.

 

Un día Fernanda empezó a sentir que extrañaba muchísimo su vida de mujer ejecutiva, exitosa, independiente y económicamente activa, la estaba enloqueciendo esa dinámica agobiante de los quehaceres y añoraba sentir su libertad, aquella que tenía cuando pensaba que iba a ser la tía solterona. Amaba a su bebita y a su esposo, eran lo más valioso para ella, pero la vida rutinaria de ama de casa la estaba llevando a sentirse infeliz y tenía culpa por pensar así, pensaba que le faltaba valentía y que era una egoísta por tener esos sentimientos. Como no quería seguir con esos pensamientos, empezó a leer sobre ese tipo de situaciones, en cada artículo encontraba que era normal y se identificaba con lo que estaba viviendo, un cambio abrupto de vida, todo el paquete completo en un abrir y cerrar de ojos y unas decisiones tomadas por aquellas configuraciones que de niña, le indicaron lo que debía hacer una mujer en la vida; toda esta información le ayudo y le dio fuerza para seguir adelante, para saber que no era la única que sentía esas emociones, para afrontar sus decisiones y valerse de todo el amor para poder levantarse cada vez de sus caídas de ánimo.

 

Hoy, Fernanda ha podido entrenar su mente y aceptar todo lo que viene con la vida que escogió, cambió su forma de pensar y aunque a veces extraña su vida anterior, la felicidad de ver a su pequeñita sonreír y al amor de su esposo le recuerdan que vale la pena dejar a aquella Fernanda soltera y exitosa en el recuerdo, y se anima con la esperanza de más adelante retomar parte de su independencia.

Cuéntanos qué opinas de la historia de Fernanda. ¿Crees que afrontó bien su situación?