Adriana es una mujer que desde muy joven empezó su vida amorosa, siendo adolescente se enamoró perdidamente de un chico como ella, del que pensaba iba a amar toda su vida, de ese amor intenso se derivaron rebeldías, caprichos y experiencias difíciles que la llevaron a ser madre y soltera muy joven. Así empezó su vida de responsabilidades y aunque contaba con el apoyo de sus padres, debía luchar por su hijo y ayudar en casa. A sus 20 años Adriana se enamoró de un hombre bueno y amoroso, el cual le ayudó a costear su carrera y se convirtió en profesional con su ayuda, él médico y ella enfermera construyeron una linda familia y en ese amor creció su hijo, querido por ese hombre que no era su padre; Adriana tenía una vida bonita y tranquila, eso sí con un ritmo de trabajo arduo, pero feliz. Un día su esposo tomó la decisión de especializarse en el extranjero, ambos acordaron hacerlo buscando logros profesionales para él y crecimiento económico para la familia, fue así como su esposo viajó a otro país, por un par de años. En ese primer año todo estuvo tranquilo, sin embargo cuando inicio el siguiente, Adriana se empezó a sentir sola, con cargas más elevadas en casa, económicas y emocionales, se sintió sin apoyo porque su esposo estaba muy lejos, se cuestionaba mucho en la decisión que habían tomado de separarse como familia por ese estudio. En un momento de esos, de soledad y tristeza, llegó un hombre a ofrecerle una mano, a preocuparse y ocuparse de ella, Adriana se sintió bien y rescatada, infortunadamente se involucró sentimentalmente y tuvo una relación con aquella persona, fue algo muy corto porque entendió que no estaba bien, sin embargo esa relación cambió la vida de esta bella mujer, quedó embarazada de esa aventura.
Para Adriana fue muy duro, porque dentro de todas las posibilidades ella escogió la vida por encima de todo y decidió tener ese bebé, decidió decir la verdad y contarle todo a su esposo, quien en la distancia y destrozado fue implacable con ella, se terminó esa relación así de lejos. Adriana sufrió muchísimo porque su bonita vida, se esfumó por una mala decisión, y no solamente pudo ser por su error de fijarse en alguien más, sino también por la decisión de ambos de dejar a la suerte lo que la distancia trae. El padre del bebé de Adriana y ella tenían claro que no querían una relación, ambos tenían sus razones y no era una opción estar juntos, así que siguió su camino sola, criticada, lapidada, odiada, desamparada, pero con la convicción de asumir su responsabilidad y salir adelante. Todo esto hizo que Adriana no volviera a creer en las historias bonitas de amor, dejó de confiar y de abrir su corazón.
Pasaron muchos años, para que ella se volviera a dar a una relación, conoció por su trabajo a un hombre mayor, interesante, paternal, generoso y admirador de las mujeres bellas como ella, la cautivó y tal vez por la admiración que le causó aceptó estar a su lado, ya no era una mujer que se deslumbrara y enamorara con facilidad. En medio de la independencia que la caracterizaba, Adriana continuó trabajando y ganando su propio dinero a pesar de que no le faltaba nada con su nueva pareja, siempre conservaba ese brío de mujer guerrera. Los años al lado de aquel hombre fueron buenos, llenos de viajes, relacionamiento, cuidado, fiestas y compañía, terminó de madurar y disfrutó. Sin embargo, los años para aquel hombre no dieron tregua, cayó enfermo y al poco tiempo murió. Como Adriana era una mujer independiente se hizo a un lado una vez quedó sola, y no quiso pelear por lo que muchos pensarían era de ella. Empezó nuevamente su vida, con sus dos hijos y con la tristeza de la soledad y de pensar que el amor no era para ella y que su destino era estar sola, se metió tanto en la cabeza esos pensamientos que cerró su corazón al amor; conoció otros hombres, pero no los veía como algo serio, podría decirse que eran pasatiempos, en ese vivir sin apegos, descubrió su lado sexual, empezó a disfrutar esos momentos, a vivirlos intensamente sin amor, no entregaba para nada su corazón.
En ese afán por llenar su vida de adrenalina, decidió crear su perfil en una aplicación de citas, tal vez con una intención muy profunda de encontrar un hombre que valiera la pena, y después de varios prospectos apareció un hombre muy interesante. Después de contactarse, conocerse por chat y llamadas telefónicas, decidieron encontrarse, fue extraño porque parecía como si se conocieran de siempre, ambos tenían historias de vida bastante intensas y empezaron una amistad y pronto se volvieron confidentes; al inicio no hubo química, sin embargo con el pasar de los meses ambos se reunieron para contarse sus últimas historias, y después de una larga conversación sumada a la chispa que se disparó entre ambos, comenzaron a verse con otros ojos, ojos de pasión, de gusto por estar juntos, de preocupación y cariño, vivieron meses de momentos lindos, intensos y románticos, aquel hombre era todo un caballero además de ser un hombre intenso en su sexualidad, era el combo perfecto para Adriana, pero había algo en ella que la bloqueaba, cuando sintió que empezaba a florecer el amor en aquel hombre no pudo dejarse amar, salió huyendo y lo hirió, sus miedos, sus fantasmas, su credo de no volver a amar, pudieron más que lo bonito que la estaba rodeando, Adriana ya no sabía cómo amar, como entregar su corazón.
Después de haber roto las ilusiones de aquel hombre, este ya no pudo ser igual y decidió alejarse por completo, tenía claro que eran demasiadas cicatrices que no le permitirían avanzar, pero aun así hizo un último intento de luchar por ella, pero Adriana no quería, tenía miedo y se cubrió con su coraza de independencia, autosuficiencia y de no necesitar el amor de un hombre.
