Mes: enero 2022

ELLA, LA PREDOMINANTE

ELLA, LA PREDOMINANTE Juliana es una mujer de convicciones, en su vida ha tenido momentos donde de manera muy radical afronta su vida y no da paso a las cosas a medias, tampoco es buena para recibir sugerencias o consejos, esta forma de ser le ha causado que no tenga unas buenas relaciones con aquellos que quieran opinar sobre su vida. Ser así le ha traído muchos problemas, pero eso a ella no le importa. Su frase más común es que no necesita ayuda de nadie y que ella puede sola. Juliana conoció al amor de su vida en la Universidad, un hombre que venía de una relación que lo dejó con la autoestima baja y con recelo al amor, pero la fuerza de Juliana le ayudó a salir de esa crisis, se enamoró de ella y empezaron una vida juntos. Para la familia de aquel hombre, ella no gozaba de todo su cariño, porque decía las cosas como eran, sin filtro, y esto no gustaba mucho en esa familia, pero a pesar de todo agradecían lo que había conseguido, sacar a su hijo de la tristeza y hacerle recuperar el brillo en la mirada. Juliana se sentía orgullosa de lo logrado, de ese amor, sentía que ese hombre le debía la vida, de cierta y buena manera.   Conformaron ese hogar y después de pensarlo mucho, decidió quedar embarazada, era tal la predominancia de Juliana que ella decidió el momento, así como decidió la casa que comprarían, así como decidió todas las vacaciones y así como decidió la línea espiritual de su familia, tenía en su ADN el decidir todo. Su esposo un hombre muy ocupado en la construcción de su sueño, trabajando arduamente por su familia y por las familias que dependían de ese trabajo, pasaba horas enteras en su empresa, dedicaba fines de semana, festivos, días especiales en ese proyecto que les permitiría tener la vida que habían soñado y sabia la esposa capaz y verraca que tenía en casa. Sin embargo, Juliana no estaba muy contenta con estos sacrificios, ella le cuestionaba mucho sus ausencias y le decía que dejara ese proyecto, que ella podría mantenerlos mientras él encontraba un trabajo de 7 a 5, porque ella tenía un muy buen trabajo, una estabilidad económica que le permitía ser muy independiente y ofrecer este tipo de soluciones, soluciones arrolladoras, con las que su esposo no estaba de acuerdo para nada.   Así fueron surgiendo los problemas, cada vez Juliana se volvía más intensa con los comentarios sobre el trabajo de su esposo, sobre el tiempo que le dedicaba, le criticaba los resultados financieros, no se preocupaba por saber cómo iba todo sino por cuestionar; esto fue causando una ruptura en la relación, él ya no le contaba nada de la empresa, prefería estar más tiempo fuera y no aguantar la cantaleta, empezó a sentir que sus cosas no eran importantes para Juliana, que lo importante para ella, era solo lo que ella pensara y decidiera. Cansado de esta situación se fue alejando poco a poco y Juliana no advirtió que empezaba a distanciar al amor de su vida, que con sus reclamos y exigencias lo lanzaba a buscar en otras personas esa comprensión, esa escucha, esa valoración por su esfuerzo, ese reconocimiento que lo hacía querer seguir adelante.   Un día Juliana le pidió prestado el celular a su esposo para realizar una llamada, en ese preciso momento una burbuja de mensaje salió a flote “Estoy orgullosa de ti y de lo que haces, aportas mucho con tu esfuerzo”, eso fue para ella un golpe duro, sintió celos, se sintió mal, sitio que alguien hacía lo que ella no, dudo de él, luego lo pensó mejor, no había nada malo, pero si había un mensaje para ella, y era claro. Con su cantaleta, con sus críticas, sus reclamos y por querer imponer siempre su voluntad, estaba abriendo puertas para tal vez perder a su esposo. Esto la hizo reflexionar y darse cuenta que no estaba dando paso al diálogo, a hablar sobre lo que cada uno quería, sobre sus sueños en común, estaba tomando todas las decisiones de su familia, unas por elección propia otras por ausencia, otras por costumbre, pero no había una conversación clara sobre expectativas y sueños, sobre acuerdos para compartir las decisiones de familia.   Hoy Juliana lucha por vencer el orgullo, por ser más comprensiva y tolerante, por hacer parte de los sueños de su esposo, lucha por poder decir lo que siente, porque es una mujer tan fuerte que le cuesta mostrarse débil y expresarse. Sin embargo, su esposo sigue a su lado con paciencia, con la convicción de sacar adelante ese hogar, pese a las situaciones de pareja y diferencia de caracteres. Cuéntanos qué opinas de esta historia. ¿Te es familiar la historia de Juliana?

YO PUEDO SOLA

YO PUEDO SOLA Esta es la historia de muchas mujeres y tal vez podría decir que de una gran mayoría…. Helena es una mujer que le encanta trabajar, desde muy niña ese fue el mensaje de sus padres, especialmente de su papá, en casa todos eran ejemplo de ello, la consigna era: estudiar y trabajar para salir adelante. A ella le enseñaron a valerse por sí misma desde adolescente, a no vararse ante nada, a resolver los problemas con creatividad y de inmediato, a no rendirse y salir siempre adelante; todo esto le dio superpoderes y su autoestima siempre estaba arriba, sin embargo esa independencia hacía que ella pensara que no necesitaba a nadie y se sentía feliz de que otras personas la necesitarán, de rescatar, de ayudar, de cuidar, se sentía orgullosa de valerse por sí misma y de saber que ante cualquier situación estaría ella misma para sacarse de ahí. Creció profesional y laboralmente siendo una mujer muy destacada por su ímpetu de siempre salir adelante.   Todo no era perfecto en la vida de Helena, aún con su independencia y autoestima, cargaba con miedos que no la dejaban brillar como debía ser y además de ello, en ese afán por cuidar y rescatar se fijaba en hombres complejos, hombres que la amaban por su forma de ser tan especial, pero que se acomodaban a su forma de proteger y querer, y terminaban sintiéndose demasiado considerados por Helena lo que no llevaba a un final feliz, lo bueno de ello, era que en esos finales ella siempre sabía su valor. En esas relaciones Helena siempre llevaba la delantera económica, en madurez y en sentimientos y eso lo tenía claro, lo que le permitía desprenderse aún con la tristeza y el corazón roto. Helena tenía una fijación por ayudar a los hombres que conocía, parecía que le gustaba el reto de sentir que esas personas la necesitaban, era feliz haciéndolos felices, sintiéndose necesaria o ayudándolos a ser mejores, a descubrir experiencias con ella, a vivir cosas nuevas a su lado. Cansada de esas relaciones, Helena un día decidió quedarse sola y tomar tiempo para recuperarse todo ese tiempo que había invertido en los demás, como también de reponerse económicamente de algunas malas decisiones con aquellos hombres.   Helena siguió adelante, compartiendo con sus amigos, saliendo a divertirse, haciendo todo eso que no había hecho durante años, viviendo su vida como debía ser y disfrutando. Pasado un tiempo, conoció a través de su mejor amigo a un hombre diferente, enredado en una relación en decadencia pero muy distinto a aquellos hombres que solía atraer, y a pesar de que no fue fácil iniciar esa relación, después de muchos impases, de un tiempo de relación y de vivir momentos bonitos, Helena se casó, una relación tranquila, se podría decir que soñada, la cual lleva hasta ahora; cometió errores de esos que traía del pasado, de ser independiente, de valerse por ella misma y no compartir gastos, donde asumió más responsabilidades de las debidas, donde no habló, y las cuales empezaron a hacer huecos en la relación. Los temas de pareja para Helena eran de pareja, poco contaba sus experiencias o sentir a sus amigos o familia, sin embargo un día necesitó soltar eso que le pesaba y recibió un gran consejo, debía hablar con su esposo y contarle su situación y compartirla, ella no podía seguir llevando la carga económica por ese afán siempre de ser protectora, de cuidar, de hacer feliz a los demás y que también debía empezar a dejarse cuidar y proteger. Así fue, tuvo la conversación tal vez más difícil de su vida y sacó todo eso que la agobiaba y que no podía decir porque traía desde niña el precepto de que todo había que resolverlo de inmediato, por ende, no había tiempo para hablar, y de ese modo escuchada por su esposo y él comprendiendo la dinámica de lo que pasaba, su vida cambió, empezaron a compartir gastos, a tomar decisiones juntos y Helena inicio cambiando ese afán de resolverlo todo ella y dejándose proteger, consentir y cuidar. Aún sigue siendo esa mujer configurada desde niña para no depender, pero ha aprendido mucho y lo sigue haciendo, se nivela entendiendo que ella merece ser protegida y aunque a veces tiene sus momentos de que puede sola, es más consciente de equilibrarse.  ¿Cuéntanos que piensas de la independencia de Helena? ¡Deja tus comentarios!

DECISIONES DE VIDA

DECISIONES DE VIDA Adriana es una mujer que desde muy joven empezó su vida amorosa, siendo adolescente se enamoró perdidamente de un chico como ella, del que pensaba iba a amar toda su vida, de ese amor intenso se derivaron rebeldías, caprichos y experiencias difíciles que la llevaron a ser madre y soltera muy joven. Así empezó su vida de responsabilidades y aunque contaba con el apoyo de sus padres, debía luchar por su hijo y ayudar en casa. A sus 20 años Adriana se enamoró de un hombre bueno y amoroso, el cual le ayudó a costear su carrera y se convirtió en profesional con su ayuda, él médico y ella enfermera construyeron una linda familia y en ese amor creció su hijo, querido por ese hombre que no era su padre; Adriana tenía una vida bonita y tranquila, eso sí con un ritmo de trabajo arduo, pero feliz. Un día su esposo tomó la decisión de especializarse en el extranjero, ambos acordaron hacerlo buscando logros profesionales para él y crecimiento económico para la familia, fue así como su esposo viajó a otro país, por un par de años. En ese primer año todo estuvo tranquilo, sin embargo cuando inicio el siguiente, Adriana se empezó a sentir sola, con cargas más elevadas en casa, económicas y emocionales, se sintió sin apoyo porque su esposo estaba muy lejos, se cuestionaba mucho en la decisión que habían tomado de separarse como familia por ese estudio. En un momento de esos, de soledad y tristeza, llegó un hombre a ofrecerle una mano, a preocuparse y ocuparse de ella, Adriana se sintió bien y rescatada, infortunadamente se involucró sentimentalmente y tuvo una relación con aquella persona, fue algo muy corto porque entendió que no estaba bien, sin embargo esa relación cambió la vida de esta bella mujer, quedó embarazada de esa aventura.   Para Adriana fue muy duro, porque dentro de todas las posibilidades ella escogió la vida por encima de todo y decidió tener ese bebé, decidió decir la verdad y contarle todo a su esposo, quien en la distancia y destrozado fue implacable con ella, se terminó esa relación así de lejos. Adriana sufrió muchísimo porque su bonita vida, se esfumó por una mala decisión, y no solamente pudo ser por su error de fijarse en alguien más, sino también por la decisión de ambos de dejar a la suerte lo que la distancia trae. El padre del bebé de Adriana y ella tenían claro que no querían una relación, ambos tenían sus razones y no era una opción estar juntos, así que siguió su camino sola, criticada, lapidada, odiada, desamparada, pero con la convicción de asumir su responsabilidad y salir adelante. Todo esto hizo que Adriana no volviera a creer en las historias bonitas de amor, dejó de confiar y de abrir su corazón.   Pasaron muchos años, para que ella se volviera a dar a una relación, conoció por su trabajo a un hombre mayor, interesante, paternal, generoso y admirador de las mujeres bellas como ella, la cautivó y tal vez por la admiración que le causó aceptó estar a su lado, ya no era una mujer que se deslumbrara y enamorara con facilidad. En medio de la independencia que la caracterizaba, Adriana continuó trabajando y ganando su propio dinero a pesar de que no le faltaba nada con su nueva pareja, siempre conservaba ese brío de mujer guerrera. Los años al lado de aquel hombre fueron buenos, llenos de viajes, relacionamiento, cuidado, fiestas y compañía, terminó de madurar y disfrutó. Sin embargo, los años para aquel hombre no dieron tregua, cayó enfermo y al poco tiempo murió. Como Adriana era una mujer independiente se hizo a un lado una vez quedó sola, y no quiso pelear por lo que muchos pensarían era de ella. Empezó nuevamente su vida, con sus dos hijos y con la tristeza de la soledad y de pensar que el amor no era para ella y que su destino era estar sola, se metió tanto en la cabeza esos pensamientos que cerró su corazón al amor; conoció otros hombres, pero no los veía como algo serio, podría decirse que eran pasatiempos, en ese vivir sin apegos, descubrió su lado sexual, empezó a disfrutar esos momentos, a vivirlos intensamente sin amor, no entregaba para nada su corazón.   En ese afán por llenar su vida de adrenalina, decidió crear su perfil en una aplicación de citas, tal vez con una intención muy profunda de encontrar un hombre que valiera la pena, y después de varios prospectos apareció un hombre muy interesante. Después de contactarse, conocerse por chat y llamadas telefónicas, decidieron encontrarse, fue extraño porque parecía como si se conocieran de siempre, ambos tenían historias de vida bastante intensas y empezaron una amistad  y pronto se volvieron confidentes; al inicio no hubo química, sin embargo con el pasar de los meses ambos se reunieron para contarse sus últimas historias, y después de una larga conversación sumada a la chispa que se disparó entre ambos, comenzaron a verse con otros ojos, ojos de pasión, de gusto por estar juntos, de preocupación y cariño, vivieron meses de momentos lindos, intensos y románticos, aquel hombre era todo un caballero además de ser un hombre intenso en su sexualidad, era el combo perfecto para Adriana, pero había algo en ella que la bloqueaba, cuando sintió que empezaba a florecer el amor en aquel hombre no pudo dejarse amar, salió huyendo y lo hirió, sus miedos, sus fantasmas, su credo de no volver a amar, pudieron más que lo bonito que la estaba rodeando, Adriana ya no sabía cómo amar, como entregar su corazón.   Después de haber roto las ilusiones de aquel hombre, este ya no pudo ser igual y decidió alejarse por completo, tenía claro que eran demasiadas cicatrices que no le permitirían avanzar, pero aun así hizo un último intento de luchar por ella, pero Adriana no quería, tenía miedo y se cubrió con su coraza de independencia,