Esta carta es para ustedes, para agradecerles porque definitivamente sin la influencia de mujeres tan fuertes, hubiese terminado creyéndome las historias de fantasía con las que crecemos las niñas. Esas donde las princesas están dormidas esperando a que el beso del príncipe las despierte, las monte en su hermoso caballo, al castillo donde estará el “felices para siempre”.
Afortunadamente, las mujeres contamos con hermanas y amigas que en noches de margaritas y de chicas podemos tener conversaciones profundas donde nos desahogamos y expresamos lo que sentimos. ¡Benditas noches de chicas!, que han evitado más de un divorcio. Encuentros que siempre dan una perspectiva neutral de la situación, aunque muchos hombres crean lo contrario.
¿Qué sería de nuestras vidas si no compartiéramos esas experiencias? Si no contáramos con la estilista de cabecera, que reconoce que nuestro cambio de estilo está asociado a nuestra necesidad de reinventarnos, de volver a comenzar y créamelo a mí, que ya no sé ni de qué color es mi cabello, pero salgo renovada después de un cambio.
En los cuentos de hadas el problema está en que las princesas están dormidas, atrapadas en una historia que poco o nada tienen que ver con la realidad. Imaginarios que no te explican que el cuerpo se transforma, la tonificación se pierde, las estrías aparecen, la lucha del tinte con las canas y un reconocimiento distinto de nuestra sexualidad. En estas historias se te omite que la vida está llena de opciones y que tú puedes decidir, válido ser mamá, tan válido como no serlo, como casarse, como estar solteras, como divorciarse o como cambiar simplemente de opinión.
A las mujeres de mi generación no se le enseñó a reconocer el cuerpo, la anticoncepción se aprendía por las amigas y en esa trasmisión equivocada de información se le atribuyo al hombre la responsabilidad de nuestro propio placer, como si en sus manos estuviera la bolita mágica para adivinar las cosas que nos gustan y las que no nos gustan, parte de nuestra propia inmadurez consistió en no comunicarnos con nuestra pareja. Estos profundos silencios terminaron cargándolos a ellos con estereotipos, mitos y sus propios temores. ¡Pobres hombres!, si supieran que cada una de nosotras es única e irrepetible y que la única forma de descubrirnos es hablando de forma natural, conectando nuestra mente, con las emociones y con nuestro cuerpo. Es así mi querida amiga, que con los años aprendes, que en la medida en que nos amamos, podemos despertar y reconciliar con nuestra piel, que la vida en pareja crece cuando nosotras mismas nos reconocemos y somos capaces de hablarlo con el otro.
En esta dinámica de crecer y madurar, aprendes que el erotismo es compartido y que este no se muere cuando te conviertes en mamá, que el deseo se intensifica y madura hasta el punto de tener claro lo que te gusta y lo que no te gusta. Te haces responsable de tu propio placer y empiezas el proceso de reconciliarte contigo misma. Reconoces el poder de las palabras, de las caricias, las miradas, te descubres como una mujer segura de sí misma. Descubres con los años que la pasión está viva, que el espejo no te asusta y que las sensaciones de tu cuerpo son música para el alma. Simplemente, descubres que en esta realidad estás allí.
En este caminar también aprendes que la mujer maravilla no existe, que no se requiere ser perfecta, que es válido agotarse, que la menopausia es normal, que tenemos picos hormonales, que el periodo es algo natural de lo que no debemos avergonzarnos, que es necesario reconciliarnos con nuestros cambios cíclicos, pero sobre todo que detrás de todo lo que implica ser mujer, somos poderosamente fuertes. Que en ocasiones necesitamos llorar, reír, estar solas y montones de azúcar, aunque luego debemos gastar calorías como locas. Que necesitamos de alguien que nos escuche, nos hable, sea empático con nuestras necesidades. Y que el dolor no nos destruye, por el contrario, he visto a mujeres levantarse y reconstruirse.
En esta etapa de la vida descubres que las historias deberían resignificarse, que sería lindo saber que no necesitamos de un beso que nos despierte, porque sencillamente ya estamos despiertas y que muchos de los besos estarán cargados de promesas que se cumplen o sencillamente no se cumplen, de silencios que te dan a entender que no hay interés por nada más, de frases vacías que no están acompañadas de la verdadera acción o de frases que simplemente no dicen nada…
Con los años aprendes que no existen príncipes azules, que sencillamente somos seres humanos con aspectos positivos y negativos, que en el camino que recorras encontraras hombres buenos, amorosos, comprometidos, pero también conectaras con hombres indecisos, inseguros o egoístas.
En el camino encontrarás hombres valiosos, que se la juegan por construir un futuro contigo, también habrá quienes te dejen en visto, los que se desaparecen, los que no te valoran, los que se sienten intimidados por ti. En todas esas historias, serás tú la que debe colocar los límites, saber exactamente lo que quieres de tu vida, porque con el tiempo definitivamente aprendes que la persona indicada “no es el que te mueve el piso, sino el que te centra”. Y con el tiempo de seguro también aprendes que los finales felices no existen y que cada día eliges seguir con la persona que amas.
Con los años aprendes que no te casas en pleno enamoramiento, que el deseo y la atracción no significan amor, que el ejercicio de amar implica reconocer, escuchar, perdonar y volver a empezar. Aprendes que el tiempo te da una perspectiva de la vida, que nadie te va a amar, si tú no lo haces primero, si tú no eres capaz de ver lo valiosa que eres. En este caminar aprendes que en el momento que la princesa sube al caballo, debe ser ella quien lleve las riendas de su propio destino, haciéndose responsable de sus decisiones. Con el tiempo aprendes mi querida amiga, que no estás sola, que nunca lo estuviste porque te tienes a ti misma y que tú eres una fuerza poderosa, que elige o no compartir su vida con otras personas.
Con afecto,
Martha Liliana Polanco López
Un milagro de abril.
Martha Liliana Polanco López, la talentosa autora detrás de la conmovedora carta dirigida a las mujeres “cuarentonas”, es mucho más que una escritora; es una apasionada Abogada y Defensora de Familia. Su búsqueda de la verdad y la justicia en el ámbito legal se ha entrelazado maravillosamente con su habilidad para tejer historias cautivadoras.
Armada con un Master Universitario en Escritura Creativa, Martha ha descubierto su voz literaria única a través de las cartas que escribe. Cada palabra que fluye de su pluma lleva consigo la esencia de sus emociones y pensamientos profundos.
Martha se destaca por ser una mujer crítica de la vida, siempre dispuesta a cuestionar y reflexionar sobre las complejidades del mundo que la rodea. Su capacidad para expresar sus emociones con honestidad y claridad se refleja en cada una de sus letras, creando una conexión íntima con sus lectores.
A los 40 años, Martha emprendió un inspirador proceso de transformación personal, encontrándose en un viaje hacia la autenticidad, descubriendo poco a poco el arte de amarse verdaderamente. Su carta para las mujeres de su edad es un testimonio de ese viaje, lleno de sabiduría, amor propio y una visión clara del futuro.
Martha Liliana Polanco López nos invita a explorar la vida a través de sus letras, a desafiar nuestras propias perspectivas y a abrazar la belleza que surge de la autorreflexión y la aceptación. Con ella, cada carta se convierte en un viaje en sí mismo, guiándonos hacia la verdad y la conexión humana.
